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Ruben Rocha Moya
Ruben Rocha Moya
Cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó, el 29 de abril de 2026, una acusación formal ante la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York contra Rubén Rocha Moya —gobernador de Sinaloa hasta su licencia temporal del 2 de mayo—, no se trató de un rumor de oposición ni de una filtración periodística.
Fue una imputación penal directa, con nombres, cargos y detalles que involucran a un funcionario en funciones de uno de los estados más estratégicos de México.

Junto a él, nueve funcionarios y exfuncionarios más —entre ellos el senador morenista Enrique Inzunza Cázarez y el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez— fueron señalados por conspirar con la facción de “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa para importar “cantidades masivas” de fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina a Estados Unidos, a cambio de sobornos, protección política y apoyo electoral.

La acusación no es ligera: incluye cargos por conspiración para importar narcóticos, posesión de ametralladoras y dispositivos destructivos, y una red de corrupción que habría convertido al gobierno estatal en un escudo para el cártel.
Según los fiscales estadounidenses, Rocha Moya no solo recibió dinero y “ayuda” para llegar al poder en 2021; presuntamente se reunió con líderes de Los Chapitos, les prometió impunidad y permitió que colocaran a sus aliados en puestos clave de seguridad y fiscalía.
Ruben Rocha Moya y Andrés Manuel López Obrador
Ruben Rocha Moya y Andrés Manuel López Obrador

 

A cambio, el cártel operó con total libertad en Sinaloa, mientras el estado se desangraba en una guerra interna entre facciones.
Esto no es un “ataque a la soberanía” como repite Rocha y Morena.
Es la consecuencia lógica de años de señales ignoradas, de una estrategia de seguridad basada en abrazos y no balazos que, en la práctica, ha significado abrazos al narco y balazos entre civiles.
Rubén Rocha Moya, nacido en 1949 en Badiraguato —el mismo municipio que vio nacer a Joaquín “El Chapo” Guzmán y a muchos capos históricos—, representa el epítome de la pudrición que ha infectado al partido que prometió “regeneración”.
AMLO y la madre de Joaquín Guzmán, “El Chapo”
AMLO y la madre de Joaquín Guzmán, “El Chapo”
Su caso no es aislado: es la prueba de que Morena, lejos de combatir al crimen organizado, lo ha integrado a su estructura de poder en uno de los estados más emblemáticos del narco mexicano.

De la academia al poder: la trayectoria de un “hombre de izquierda” que siempre olió a narco

Rocha Moya no es un político improvisado.
Fue rector de la Universidad Autónoma de Sinaloa en los años 90, profesor de matemáticas y un cuadro de la izquierda tradicional: militó en el Partido Socialista Unificado de México, luego en el PRD y, finalmente, en 2017, aterrizó en Morena como coordinador estatal.
Ruben Rocha Moya y Andrés Manuel López Obrador PRD
Ruben Rocha Moya y Andrés Manuel López Obrador PRD
En 2018 fue senador por la coalición Juntos Haremos Historia.
En 2021, con el apoyo explícito de Andrés Manuel López Obrador y la 4T, ganó la gubernatura bajo la bandera de Morena y el Partido Sinaloense.
Su ascenso coincidió con la consolidación del Cártel de Sinaloa como el principal proveedor de fentanilo a Estados Unidos.
Ya en la campaña de 2021, la periodista Anabel Hernández —cuya investigación en su libro La historia secreta de AMLO y el Cártel de Sinaloa es demoledora— documentó presuntos vínculos entre Rocha y facciones del cártel, incluyendo acercamientos con Ismael “El Mayo” Zambada.
La Historia Secreta Anabel Hernández García
La Historia Secreta Anabel Hernández García

 

Hernández no hablaba de rumores: citaba fuentes y testimonios que señalaban que el crimen organizado vio en Rocha un aliado estratégico para mantener el control territorial.
La acusación de 2026 va más allá y detalla cómo Los Chapitos —los hijos de El Chapo— invirtieron en su campaña: secuestros e intimidación a opositores, manipulación del voto y financiamiento encubierto.
A cambio, Rocha habría asistido a reuniones con Iván Archivaldo Guzmán Salazar y otros líderes, comprometiéndose a proteger laboratorios, rutas de trasiego y a colocar “funcionarios alineados” en posiciones de poder.
Una vez gobernador, según el Departamento de Justicia, permitió que el cártel operara con “impunidad total”.
Sinaloa se convirtió en un narco-estado de facto.

Sinaloa bajo Rocha: un estado fallido con cifras que gritan

Los números no mienten.
Durante el sexenio de Rocha (2021-2026), Sinaloa registró niveles de violencia que rivalizan con los peores momentos de la guerra contra el narco.
Estadística Sinaloa
Estadística Sinaloa
La disputa entre Los Chapitos y la facción de Los Mayos (herederos de Zambada) dejó miles de muertos, desaparecidos y fosas clandestinas.
El “Culiacanazo” de 2019 fue solo el preludio; bajo Rocha, la violencia se volvió cotidiana: bloqueos, ejecuciones en plena luz del día, extorsión a empresarios y agricultores, y un control territorial del cártel que las fuerzas federales nunca lograron revertir.
Mientras el gobierno federal presumía “paz” y “abrazos”, Sinaloa se desmoronaba.
Rocha relevó gabinetes por escándalos de corrupción —su secretario de Economía y de Bienestar salieron envueltos en líos de contratos y desapariciones—, pero nunca tocó la estructura de seguridad que, según la acusación estadounidense, estaba infiltrada hasta la médula.
La Fiscalía General del Estado y la policía municipal se convirtieron en instrumentos del cártel: filtraban información, protegían laboratorios de fentanilo y permitían que Culiacán y Mazatlán funcionaran como hubs logísticos.
El contraste con el discurso de Morena es obsceno.
López Obrador llegó prometiendo acabar con la corrupción y el neoliberalismo que “generó” al narco.
En cambio, bajo su partido, un gobernador de Sinaloa —cuna del cártel más poderoso del mundo— es acusado por EE.UU. de ser parte de ese mismo cártel.
Claudia Sheinbaum, actual presidenta, reaccionó exigiendo “pruebas irrefutables” y defendiendo la “soberanía”, mientras Morena se deslindaba a medias o cerraba filas.

Es el mismo guion de siempre: negar, victimizarse y atacar al mensajero.

La conexión Morena-narco: no es un accidente, es el sistema

El caso Rocha no surge en el vacío.
Anabel Hernández ha documentado desde 2021 cómo el Cártel de Sinaloa invirtió en la 4T desde sus inicios.
Anabel Hernández García
Anabel Hernández García
No solo en Sinaloa: hay patrones en otros estados gobernados por Morena donde la violencia no baja y los cárteles operan con mayor libertad.
La acusación contra Rocha y su círculo —todos morenistas o cercanos— confirma lo que muchos denunciamos desde hace años: la 4T no combatió al narco; lo politizó y lo protegió cuando le convenía.
Rocha, a sus 76 años, niega todo.
Dice que “no hay nada que temer” y que es un “ataque a la Cuarta Transformación”.

En su cuenta de X y en entrevistas repite el mantra: soberanía, injerencia, calumnia.
Pero cuando un gobierno extranjero presenta cargos penales con base en investigaciones de la DEA y fiscales federales, no se trata de “opiniones”.
Son hechos judiciales.
Si Rocha es inocente, que enfrente el proceso.
Que la Fiscalía General de la República —que ahora “revisa” la solicitud de extradición— actúe con la misma rapidez con que persigue a opositores.
Mientras tanto, Sinaloa sigue sangrando.
Más de 2 mil muertos y desaparecidos en la guerra entre facciones durante su mandato.
Familias destrozadas, economía rehen de los capos, jóvenes reclutados como sicarios.
Y Morena, en lugar de depurar, protege al acusado o lo deja “con licencia” para que el escándalo se enfríe.
Es la misma lógica que vimos con otros casos: negar hasta que las evidencias son irrefutables, y entonces culpar a “los conservadores” o a “EE.UU.”.

El legado de Rocha: la prueba del fracaso de la 4T

 

Ruben Rocha Moya
Ruben Rocha Moya
Rubén Rocha Moya pasará a la historia como el primer gobernador en funciones acusado formalmente por EE.UU. de narcogobierno.
Pero su verdadero legado es más profundo: demuestra que la Cuarta Transformación, en materia de seguridad y combate al crimen organizado, fue un espejismo.
Prometieron transformar México; lo que transformaron fue la impunidad del narco en instituciones clave.

 

Ruben Rocha Moya y Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum
Ruben Rocha Moya, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum
Sinaloa no es solo un estado: es el laboratorio del cártel que inunda Estados Unidos de fentanilo y mata a decenas de miles de jóvenes cada año.
Que un gobernador morenista sea señalado como socio de Los Chapitos no es un “error”; es la consecuencia de una política que priorizó el control político sobre la seguridad real.
Mientras Morena celebra “avances históricos”, los sinaloenses entierran a sus muertos y ven cómo sus gobernantes pactan con los mismos que los extorsionan.
El caso Rocha obliga a una pregunta incómoda para millones de mexicanos que creyeron en la 4T: ¿cuántos más Rocha hay en Morena?
¿Cuántos gobernadores, senadores y alcaldes operan bajo el mismo esquema?
La acusación de Nueva York no es el fin; es el principio del derrumbe de una narrativa.
La regeneración prometida resultó ser narco-regeneración.
Rocha Moya puede negar, Morena puede exigir “pruebas”, Sheinbaum puede hablar de soberanía.
Pero los hechos están sobre la mesa: un gobernador de Morena acusado de convertir su estado en feudo del Cártel de Sinaloa.
Sinaloa merece justicia.
México merece la verdad.
Y la 4T, por fin, merece rendir cuentas ante la historia.

La negativa de Sheinbaum de entregarlo: soberanía para el narco y traición al pueblo mexicano

Ante la solicitud formal de extradición presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, la presidenta Claudia Sheinbaum ha respondido con una negativa tajante y rotunda.
Claudia Sheinbaum
Claudia Sheinbaum
En conferencia de prensa y a través de sus voceros, Sheinbaum ha declarado que México “no extraditará a Rocha Moya ni a ningún otro ciudadano mexicano” mientras se encuentre en territorio nacional, argumentando que se trata de una “flagrante violación a la soberanía” y que las acusaciones estadounidenses carecen de “pruebas irrefutables” ante la justicia mexicana.
Morena ha cerrado filas en el Congreso y en las redes, repitiendo el mismo discurso: “no nos vamos a arrodillar ante el imperio”.
La Fiscalía General de la República, controlada por el mismo partido, ha anunciado que “analizará” el caso con “lentitud institucional”, lo que en la práctica significa que Rocha seguirá protegido bajo el paraguas presidencial.
Esta negativa no es un detalle burocrático ni un simple acto de defensa nacional.
Es la confirmación explícita de que, para la 4T, la lealtad partidista y la protección de sus cuadros corruptos están muy por encima de la justicia, la seguridad y la vida de los mexicanos.
Al negarse a entregar a un gobernador acusado de narcogobierno, Sheinbaum no solo blinda a Rocha: blinda todo el sistema de impunidad que Morena ha construido durante años.
Envía un mensaje cristalino a los cárteles, a los funcionarios infiltrados y a la ciudadanía: aquí el narco tiene fuero presidencial.
Y es el pueblo de México el que paga el precio más alto y más sangriento.
Culiacán Sinaloa
Culiacán Sinaloa
Mientras Sheinbaum habla de “soberanía”, miles de familias sinaloenses siguen huyendo de la violencia que Rocha presuntamente protegió; siguen enterrando hijos, hermanos y padres asesinados en la guerra entre Los Chapitos y Los Mayos; siguen viendo cómo sus tierras, sus negocios y sus vidas son controladas por los mismos capos que, según la acusación, financiaron y blindaron al gobernador morenista.
La negativa de extradición perpetúa el narco-estado en Sinaloa y lo extiende como modelo al resto del país: si un gobernador puede pactar con el cártel y luego ser protegido por la Presidencia, ¿qué esperanza queda para el resto de los mexicanos?
Esta decisión erosiona hasta los cimientos la poca confianza que quedaba en las instituciones.
Desalienta cualquier cooperación real con Estados Unidos en la lucha contra el fentanilo —droga que sigue matando mexicanos y estadounidenses por igual— y condena a generaciones enteras a vivir bajo el yugo del crimen organizado.
El pueblo de México, ese que Morena dice defender con tanto cinismo, es el que sufre la extorsión, el miedo, la falta de empleo digno y la migración forzada.
Mientras tanto, los de la 4T se atrincheran en el poder, priorizando la supervivencia del partido por encima de la supervivencia de la nación.
La negativa de Sheinbaum no es un error de cálculo; es la prueba final de que la Cuarta Transformación nunca fue transformación: fue captura del Estado por parte de los mismos intereses que prometió combatir.
El pueblo merece un gobierno que entregue a los corruptos, que rompa con la impunidad y que ponga fin a esta narco-gobernanza.
En cambio, recibe protección presidencial para el acusado.
Esa es la verdadera cara de Morena en 2026: soberanía para los capos, traición para el pueblo.

Fuentes:

Acusación formal del Departamento de Justicia de EE.UU. (29 de abril de 2026)

Respuesta oficial del Gobierno de México y negativa de extradición (Sheinbaum, SRE y FGR)

Violencia y cifras oficiales en Sinaloa durante el gobierno de Rocha (SESNSP – Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública)

  • Reporte oficial diario y anual de homicidios dolosos (SESNSP) – fuente primaria de las más de 4,000 víctimas durante el sexenio de Rocha:

    http://www.informeseguridad.cns.gob.mx/

    (Datos comparables 2021-2026 citados directamente por el gobierno federal).

  • Cifras oficiales SESNSP resumidas en documento del gobierno (4,038 homicidios dolosos confirmados hasta marzo 2026): Disponible en los reportes mensuales del mismo portal anterior.

Declaraciones de funcionarios mexicanos adicionales (oposición y oficialismo)

Investigaciones y declaraciones directas de la periodista Anabel Hernández sobre los presuntos vínculos de Rubén Rocha Moya con el Cártel de Sinaloa (desde 2021 y actualizaciones mayo 2026)

 

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